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2026 AUTUMN

Una nueva forma de conocer una región

Los recuerdos turísticos en Corea están evolucionando. Más allá de simples baratijas de viaje, estos «productos locales» dan nueva forma a las historias de una región, a sus recursos olvidados y a su cultura cotidiana a través de una sensibilidad contemporánea, llegando incluso a atraer a los viajeros a la zona. Hoy día, los productos locales no solo se están diversificando en cuanto a forma y categoría, sino que se están convirtiendo en una forma totalmente nueva de descubrir y experimentar un lugar.

Reinterpretando la costumbre coreana de alejar a la mala suerte, esta sal «Aengmagi Onggi» está elaborada por Oksan100, marca dedicada a dar un toque contemporáneo a los materiales tradicionales y las costumbres cotidianas.
© Oksan100

A todos nos ha pasado: l levados por la emoción de las vacaciones, compramos un recuerdo por impulso, solo para comprobar al llegar a casa que no tenemos ni idea de dónde ponerlo. Durante años, los recuerdos eran, en gran medida, todos del mismo estilo, tanto en diseño como en función: viajases donde viajases, la oferta era muy similar a la de Corea. Sin embargo, últimamente ha habido una gran transformación. Los artículos antes llamados «recuerdos» ahora se denominan «productos locales», y ha llegado una oleada de nuevos productos con un diseño atractivo y utilidad cotidiana que hacen que la gente realmente quiera tenerlos.

Desde 1998, el Ministerio de Cultura, Deportes y Turismo y la Organización de Turismo de Corea (KTO) organizan un concurso anual para descubrir y fomentar destacados suvenires tu-rísticos que representen a Corea y sus regiones. Basta con echar un vistazo a las colecciones de los ganadores previos para que el cambio resulte evidente. Mientras que antes predominaban las artesanías impregnadas de cultura tradicional, la oferta actual presenta productos que, aunque siguen conservando la identidad local, hablan el lenguaje de las tendencias y sensibilidades contemporáneas. Las categorías se han ampliado y la gastronomía regional también ha surgido como un epígrafe importante de productos locales, lo que abre nuevas direcciones. Pero el núcleo de este cambio no es lo que se convierte en producto: es más bien la perspectiva a través de la cual se interpreta una región.

Elaborados por Badasoop, una marca especializada en gamtae (alga verde con sabor a nuez), estos barquillos rellenos de crema y estos caramelos presentan un ingrediente local en formas de postre muy conocidas.
© Badasoop

DISEÑO IMPULSADO POR LA NARRATIVA

Lanzado por Gyochon Doga en 2022, el Te monje 1779 es un licor tradicional a base de arroz que encarna la tradición de elaboración casera del clan Choi de Gyeongju, su hospitalidad, y la historia de la región.
© House of Choi

Gyochon Doga (Gyochon Farmhouse Brewing Co.) es una cervecería artesanal situada cerca de la finca histórica del clan Choi de Gyeongju, en la aldea tradicional de Gyochon, en Gyeongju. Dirigida por House of Choi, una marca basada en la historia y los valores fundamentales del clan Choi, la cervecería elabora un licor a base de arroz llamado Te monje 1779. Elaborado según un método transmitido de generación en generación por la familia, la cervecería utiliza arroz glutinoso de cultivo propio y un nuruk (iniciador de fermentación) moldeado a mano para esta bebida tradicional. La mezcla se somete a 100 días de envejecimiento a baja temperatura. De aquí destaca el tipo de producto elegido como «recuerdo». En lugar de suvenires convencionales, como artesanías decorativas o réplicas en miniatura de casas históricas, artículos creados exclusivamente para su exposición, House of Choi optó por un recuerdo que se puede beber.

Tras esa elección se esconde, impregnada en cada botella, la perdurable filosofía de hospitalidad de la familia. «El gayang ju (licor casero) tradicional, que inspiró el Te monje 1779 se usaba originalmente para los ritos ancestrales y para recibir a los invitados», explica Choi Jae-yong, director de House of Choi. «Con este licor intentamos perpetuar la tradición de la etiqueta, la hospitalidad y la generosidad». Como corresponde a un licor de arroz nacido en Gyeongju, capital del reino de Silla, que se prolongó durante un milenio (57 a. C.-935 d. C.), el diseño de la botella se inspira en la cerámica de la época de Silla. Lo que comenzó como las tradiciones domésticas de una familia ha crecido hasta abarcar la historia más amplia de Gyeongju.

En tanto ODUJEJ, con sede en Jeju, aplica el mismo principio, aunque de forma diferente. El nombre de la marca es «Jejudo» escrito al revés, un juego de palabras inspirado en el hecho de que las letras pueden apilarse unas sobre otras como una pagoda de piedra. Fundada por Jung Ji-sol, un fotógrafo que regentaba un estudio fotográfico en Seúl y se trasladó a la isla, el nombre encarna la misión de mostrar una faceta de Jeju distinta de su imagen, tan centrada en el turismo. Su primera creación fue Mudle Crayon. En la lengua de Jeju, «meodeul» hace referencia a los montículos de rocas volcánicas. El hecho de que los transeúntes rara vez presten atención a estos montones de piedras pone de manifiesto lo omnipresentes que son las rocas en la isla. Los isleños tuvieron que construir sus vidas en torno al duro terreno de una isla volcánica, por lo que estas piedras encierran en su interior una historia de trabajo y supervivencia, así como el recuerdo de una comunidad. Esa historia se convirtió en inspiración para los lápices de colores.

A diferencia de Te monje 1779, ODUJEJ optó por incorporar a su producto un elemento poco conocido de la vida local, en vez de iconos más comunes en Jeju, como las mandarinas o las estatuas de dol hareubang («abuelo de piedra» en dialecto de Jeju). Sin embargo, ambas marcas llegan al mismo destino: plasmar el modo de vida acumulado y la memoria colectiva de una región en un objeto tangible. La forma familiar de un lápiz de color confiere al objeto dos vidas distintas. Apilados unos sobre otros, sirven como objeto artístico que rinde homenaje a la cultura de la piedra de Jeju. Y en la mano, se convierten en una herramienta para dibujar.

Mudle Crayon, de la marca local ODUJEJ, elaborado con materiales naturales y pigmentos minerales, está disponible en cinco colores distintos inspirados en el paisaje de Jeju: las mandarinas, el mar, los bosques de Gotjawal, la arena y las rocas volcánicas.
© ODUJEJ

RESUCITAR RECURSOS OLVIDADOS

Desenterrar nuevas narrativas es esencial, pero también lo es redescubrir los recursos locales que han quedado fuera del foco de atención. Seosan, una ciudad costera de la provincia de Chungcheong del Sur, alberga la bahía de Garorim. Designada este año como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, como parte de la segunda fase de ampliación de la lista inicial de cuatro marismas coreanas denominadas «getbol», en este entorno rico en sedimentos es donde se recolecta el gamtae (alga verde con sabor a nuez), principalmente durante los meses de invierno. Dado que el gamtae no se puede cultivar, se recolecta exclusivamente en estado silvestre, y su delicada estructura obliga a recogerlo a mano, cuidadosamente. Debido a lo agotador de su recolección y a su sensibilidad a la temperatura durante el almacenamiento, la producción en masa de gamtae resultaba compleja, por lo que se mantuvo como un manjar local durante generaciones.

Aquí entra en escena Badasoop, una marca que lleva tres décadas defendiendo este ingrediente tan ignorado. En 2015, Song Chul-su fue nombrado maestro del gamtae por la ciudad de Seosan, gracias a sus esfuerzos por mejorar los métodos de procesamiento y desarrollar un producto apto para el almacenamiento a largo plazo y la distribución. Hoy día su hija, Song Joo Hyun, dirige el negocio como segunda generación al frente de la empresa. Gracias a sus esfuerzos, un alga que antes quedaba prácticamente abandonada en las marismas se ha transformado en un ingrediente muy solicitado por chefs con estrellas Michelin, ganándose un hueco en las estanterías de los grandes almacenes parisinos Le Bon Marché y Galeries Lafayette. Los recientes surtidos de postres de Badasoop, que incluyen barquillos crujientes rellenos de crema de gamtae y caramelos de gamtae con sirope de cereales, añaden un nuevo capítulo a su historia. Tomar un ingrediente desconocido e introducirlo en una forma familiar es la forma en que una especialidad local en declive logró con éxito una distribución generalizada.

En tanto la marca de ropa Yeoyeo, que trabaja con la tela de cáñamo de Andong, más conocida como «Andongpo», cuenta una historia notablemente similar. Este tejido fue en su día tan famoso por su calidad que sirvió como tributo real durante la dinastía Joseon (1392-1910). Reconociendo su importancia histórica y artística, el Servicio de Patrimonio de Corea designó el tejido tradicional de cáñamo como Patrimonio Cultural Inmaterial Nacional en 2019. Sin embargo, para los consumidores más jóvenes de hoy en día, el sambe (tela de cáñamo) es un material mucho menos familiar que el lino importado. Yeoyeo aborda esta desconexión replanteando este material tradicional a través del lenguaje contemporáneo del «cáñamo».

Aunque ambos términos se refieren a un material derivado de la misma planta, las asociaciones que evocan son notablemente diferentes. Por lo general, el término «sambé» evoca al instante imágenes de la ropa de verano que llevaban las generaciones mayores, así como sudarios funerarios, mientras que el cáñamo transmite una sensación contemporánea y fresca. En definitiva, la marca no modificó el tejido en sí, sino que simplemente cambió el contexto en el que se presenta el material. En una reciente tienda pop-up en el barrio de Bukchon, en Seúl, la marca presentó el cáñamo como parte de un estilo de vida, combinando prendas de vestir con piezas decorativas, entre ellas un porta incienso fabricado con «hempcrete» (material biocompuesto elaborado a partir del núcleo leñoso de la planta de cáñamo). Tanto Badasoop como Yeoyeo demuestran que los recursos locales se descuidan no por falta de calidad o de valor intrínseco, sino que lo importante el lenguaje y el formato usados para presentar esos recursos a los consumidores actuales.

Et Haus es un espacio cultural que invita a los visitantes a disfrutar de la naturaleza y del cambio de estaciones, ampliando el concepto de productos locales para convertirlo en experiencias inmersivas.
© Park Sang-jun

CUANDO LOS PRODUCTOS LOCALES SE UNEN A LAS TENDENCIAS

Reflejando la tendencia del «budismo moderno», este llavero cuadrado de moktak de Yeongcheon Moktak toma un instrumento de percusión budista utilizado en cánticos y rituales, y lo convierte en un accesorio cotidiano.
© Yeongcheon Moktak

El arte de la reinterpretación se extiende incluso a las costumbres religiosas y las tradiciones populares. Un moktak es un instrumento de percusión budista de madera que tocan los monjes durante las oraciones y los rituales. El taller Yeongcheon Moktak, situado en la ciudad de Yeongcheon, en la provincia de Gyeongsang del Norte, lleva tres generaciones fabricando estos instrumentos. La creación de cada moktak precisa aproximadamente tres años, desde la selección de la madera de albaricoquero hasta los procesos que incluyen el secado, el hervido y el tallado. Cada pieza se perfecciona con el paso del tiempo gracias al meticuloso toque de un maestro artesano. Sin embargo, recientemente, este taller tradicional ha presentado un nuevo y sorprendente producto: un llavero. Los llaveros moktak en miniatura tienen una forma rectangular inspirada en los cinco colores direccionales (azul, rojo, amarillo, blanco y negro) conocidos como obangsaek. Más allá de ofrecer solo una versión en miniatura del instrumento original, la marca ha optado por reproducir fielmente la estructura acústica interna del instrumento. Aunque el sonido no coincide del todo con la resonancia de un moktak real, la versión en miniatura emite un sonido hueco al darle un golpecito o si se balancea contra un bolso.

Esta transformación se suma a la ola del «budismo de moda» que arrasa entre las generaciones más jóvenes, un movimiento donde prácticas budistas, como la meditación y la cocina del templo, se adoptan como opciones de vida contemporáneas. En eventos como la Exposición Internacional del Budismo de Seúl, los productos que reinterpretan la iconografía y la cultura budistas atrajeron a grandes multitudes, lo que inspiró a Yeongcheon Moktak a combinar un instrumento religioso con un accesorio cotidiano. Sin embargo, lo que impide que estos llaveros sean meros productos budistas impulsados por las modas es la artesanía perfeccionada a lo largo de tres generaciones escondido en cada pieza de madera.

Por su parte la sal «Aengmagi Onggi» de Oksan100 se sitúa en un terreno similar. Esta marca es conocida por reinterpretar materiales tradicionales, incluido el jade blanco, y costumbres cotidianas, añadiendo un toque de sensibilidad contemporánea a sus productos. «Aengmagi» hace referencia a una práctica tradicional para alejar la mala suerte y rezar por la paz. Este producto consiste en colocar sal, ingrediente que desde hace tiempo se cree ahuyenta las impurezas, en un pequeño recipiente de barro diseñado para guardarlo en casa. Estos tarros se regalan y se reciben principalmente a través de la función de regalos disponible en KakaoTalk, la marca de mensajería instantánea más popular del país, y las reseñas suelen mencionar lo bonitos que son o lo bien que quedan como elemento de decoración de interiores. Al combinar los gustos contemporáneos y los hábitos de consumo modernos con una costumbre ancestral, la marca ha creado una nueva gama de artículos de estilo de vida.

Asimismo, otras marcas están llevando la idea de los productos locales más allá de los objetos, extendiéndola al espacio y la experiencia. Et Haus, en Goesan, provincia de Chungcheong del Norte, ilustra esto a la perfección. Allí los visitantes pueden relajarse en la naturaleza mientras disfrutan de actividades cotidianas, como descansar en el césped, jugar en la tierra, degustar comida elaborada con verduras de temporada, o preparar té con hierbas cultivadas en el propio recinto. Incluso los productos que allí venden están profundamente conectados con el propio espacio. Tomemos como ejemplo su «Comfort Syrup», una mezcla de sirope de ciruela verde, menta y aceite de eucalipto. Para quienes lo han probado, un solo sorbo les evoca al instante la calma de la naturaleza. Y para quienes no lo han hecho, el sabor puede despertar ganas de visitar el lugar. Más que un recuerdo nostálgico, es una invitación a visitar el lugar. De este modo, los productos locales actuales plasman la experiencia de un destino en un objeto físico, lo que a su vez vuelve a conectar a las personas con ese lugar.

Mostradas en la exposición temporal «As It Is», celebrada en julio de 2026 en la Corner Gallery del barrio de Bukchon, en Seúl, estas prendas de Andongpo, creadas por Yeoyeo, reinterpretan el sambe (tela de cáñamo) tradicional coreano para convertirlo en ropa contemporánea.
© Yeoyeo

Kim Yerin escritora independiente

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